Estados Unidos e Israel lanzan una nueva ofensiva contra Irán, el país con las terceras mayores reservas de crudo en el mundo.
Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta de Teherán han provocado una enorme disrupción en el mercado de energéticos en el mundo.
Tras el ataque iraní del domingo a varios buques en la zona del Golfo, la Organización Marítima Internacional (OMI) llamó a las navieras a “evitar” la región. El precio de los seguros se ha disparado, con estimaciones que llegan al 100%, y las principales compañías han confirmado la suspensión del paso de sus flotas por el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del crudo del mundo.
El West Texas Intermediate (WTI) saltó 6.3% y cerró en 71.23 dólares por barril, lo que consolidó el movimiento iniciado tras los riesgos de interrupción en rutas clave de suministro.
En teoría, los países importadores de petróleo disponen de reservas, ya que los miembros de la OCDE deben mantener 90 días de existencias de crudo, pero no se descarta que los precios superen los 100 dólares.
Estados Unidos, que actualmente es el mayor productor de crudo del mundo, ha guardado una relación compleja con los países que tienen las mayores reservas, pero en los últimos meses esto se ha acentuado.
Estos son los países que cuentan con una mayor riqueza petrolera y su relación con Estados Unidos.
Las sanciones impuestas por el presidente estadounidense Donald Trump durante su primer mandato, así como la corrupción de la administración chavista, hicieron caer la producción petrolera de Venezuela hasta un mínimo histórico de 350,000 barriles diarios en 2020.
En enero, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien enfrenta cargos por narcoterrorismo en Nueva York. Sin embargo, desde el primer día, Trump dijo que Estados Unidos tomaría el control del crudo del país sudamericano.
El petróleo venezolano padece un embargo de Estados Unidos desde 2019, pero en las últimas semanas el Departamento del Tesoro ha emitido licencias que permiten a un puñado de empresas operar con ciertas restricciones.
El gobierno de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, ha avanzado en una agenda de trabajo bajo presiones de Washington, que incluye una reforma petrolera amigable con las empresas privadas y extranjeras.
Estados Unidos y Arabia Saudita son aliados estratégicos desde hace varias décadas. El año pasado, Trump recibió con honores al príncipe heredero y gobernante de facto de Arabia Saudita, Mohammed bin Salmán.
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Ambas partes firmaron un nuevo Acuerdo de Defensa Estratégica que amplía los derechos de acceso militar de Estados Unidos, formaliza los compromisos saudíes de compartir la carga para sufragar los costos estadounidenses asociados con la defensa del Reino y allana el camino para importantes transferencias de armas, incluidas futuras entregas del F-35 y casi trescientos tanques estadounidenses.
El gran problema de esta relación es Israel. Arabia Saudita no tiene relaciones diplomáticas con el Estado hebreo, el principal aliado de Estados Unidos en Medio Oriente.
Irán y Estados Unidos tienen relaciones conflictivas desde la Revolución Islámica de 1979 y la toma de rehenes en la embajada estadounidense en Teherán.
El sector petrolero iraní se enfrenta a graves sanciones de Estados Unidos desde 2018, después de que Washington abandonó el acuerdo nuclear de 2015 con Irán e implementó la política de “máxima presión” sobre la República Islámica.
Durante la guerra de los 12 días entre Israel e Irán, Estados Unidos lanzó bombardeos contra tres importantes sitios nucleares iraníes el 21 de junio de 2025.
Trump señaló que había “aniquilado” el programa nuclear iraní en esos ataques, pero el alcance de los daños se desconoce.
El republicano anunció el sábado que Estados Unidos lanzó “operaciones de gran envergadura” con Israel, poco después de que se oyeran varias explosiones en Teherán y en otras ciudades iraníes.
En las semanas previas, Washington había amenazado reiteradamente con bombardear Irán en respuesta a la sangrienta represión ejercida por las autoridades de una oleada de protestas a inicios de año.
Ambos países participaron en febrero en unas conversaciones indirectas mediadas por Omán.
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La Casa Blanca quería obtener un acuerdo más allá del programa nuclear iraní, que incluyera también límites a las capacidades balísticas de Irán, algo que Teherán rechazaba.
El ejército estadounidense desplegó una importante fuerza aérea y naval en el Golfo y envió al Mediterráneo al portaviones más grande del mundo, el Gerald Ford.
Las relaciones entre Estados Unidos e Irak estuvieron marcadas en las últimas décadas por la invasión estadounidense de 2003 a 2011 y por la intervención en 2014 de una coalición antiyihadista liderada por Washington.
“Irak es ahora un socio clave para los Estados Unidos en la región, así como una voz de moderación y democracia en Oriente Medio. Irak se beneficia del funcionamiento de las instituciones gubernamentales, incluida una legislatura activa, y desempeña un papel cada vez más constructivo en la región”, indica el Departamento de Estado en su sitio web.
El año pasado, tras una visita a Abu Dabi, Trump anunció acuerdos comerciales por más de 200,000 millones de dólares entre Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos.
Como parte del anuncio, las estadounidenses ExxonMobil, Occidental Petroleum y EOG Resources acordaron con la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dhabi (ADNOC) la expansión de la producción de petróleo y gas natural valorada en 60,000 millones de dólares.
“La asociación estratégica entre Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos ha abarcado décadas y ha apoyado la prosperidad y la seguridad de los estadounidenses y los emiratíes. Esta asociación abarca la cooperación estratégica en defensa, comercio, energía, espacio y diplomacia, lo que refleja intereses compartidos y respeto mutuo”, indicó la Casa Blanca en un comunicado.
El Departamento de Estado ha descrito la relación entre Estados Unidos y Kuwait como “cálida y multifacética”.
Los dos países tienen una buena relación desde hace casi 75 años, cuando se abrió el primer consulado estadounidense en este país del Golfo, el 27 de junio de 1951.
La alianza estratégica entre Estados Unidos y Kuwait se intensificó tras la invasión iraquí de Kuwait en 1990. Washington lideró las exigencias del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que Irak se retirara de Kuwait y autorizó el uso de la fuerza, de ser necesario, para retirar las fuerzas iraquíes del país ocupado.
El 20 de enero de 2025, el Departamento de Estado informó que “aproximadamente 13,500 fuerzas estadounidenses” estaban entonces basadas en Kuwait.
Kuwait alberga la sede avanzada del Comando Central del Ejército de Estados Unidos (USARCENT) y la Fuerza de Tarea Conjunta Combinada Operación Inherent Resolve (CJTF-OIR).
Tras la invasión a Ucrania, en febrero de 2022, Europa impuso una serie de sanciones contra distintos sectores de la economía, que incluyeron el petróleo.
En el primer semestre de 2022, Rusia se benefició del aumento de los precios de los combustibles fósiles en los mercados mundiales; sin embargo, las sanciones contra las importaciones de petróleo que entraron en vigor en diciembre de 2022 dieron lugar a una limitación de los ingresos de Rusia.
Desde la reelección de Donald Trump, el presidente ruso, Vladimir Putin, busca apaciguar al multimillonario para ganarse su favor en las negociaciones sobre la guerra desencadenada en Ucrania por el ataque ruso de 2022.
Sin embargo, el presidente estadounidense se ha mostrado en varias ocasiones frustrado por la falta de avances en las negociaciones y ha dicho que Putin lo ha “decepcionado”. Estados Unidos anunció en octubre de 2025 nuevas sanciones dirigidas a las dos mayores petroleras de Rusia, Rosneft y Lukoil, en un esfuerzo por presionar a Moscú para que negociara un acuerdo de paz en Ucrania.
La relación entre Estados Unidos y Libia ha sido históricamente volátil, transitando desde la hostilidad y sanciones por terrorismo durante la era de Muamar el Gadafi (especialmente en la década de 1980), hasta un breve acercamiento tras la renuncia del país norteafricano a sus armas de destrucción masiva en 2003.
Estados Unidos lideró una coalición internacional en 2011 bajo el mandato de la ONU para apoyar el levantamiento contra Gadafi, que resultó en su caída. Desde entonces, Libia ha vivido en inestabilidad.
Nigeria ha sido designada dos veces en la última década como “país de especial preocupación” por el gobierno estadounidense, en ambos casos por el presidente Donald Trump.
La declaración más reciente ocurrió en noviembre de 2025, después de que el presidente afirmara en varias ocasiones que los cristianos del país son blanco de “genocidio” y “persecución”.
El gobierno nigeriano y la mayoría de los expertos lo niegan y aseguran que los ataques afectan indistintamente a civiles musulmanes y cristianos.
Trump anunció el día de Navidad pasado que fuerzas estadounidenses llevaron a cabo “numerosos” ataques mortales contra el Estado Islámico (EI) en el noroeste de Nigeria, y prometió que habrá más si esa organización continúa matando cristianos en ese país.
“Ya había advertido previamente a estos terroristas que, si no detenían la matanza de cristianos, lo pagarían caro, y así fue esta noche”, escribió Trump en su plataforma Truth Social.





