El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vuelve a amenazar con hacerse del control de esta isla, que actualmente está bajo la jurisdicción de Dinamarca.
Donald Trump tiene una obsesión con Groenlandia. En su primer mandato, el republicano hizo a Dinamarca una oferta por esta isla, la segunda más grande del mundo, pero el país europeo la rechazó. Ahora, el presidente estadounidense dice que baraja varias vías para anexionar Groenlandia, y recurrir al ejército es “siempre una opción”.
La dura advertencia de Washington llegó a pesar de que tanto Groenlandia como Dinamarca pidieron una reunión rápida con Estados Unidos para aclarar “malentendidos”.
El republicano no descartó el martes usar la fuerza para tomar la isla, lo que provocó estupor tanto en el territorio como en Dinamarca y otros países de la Unión Europea.
La intervención militar estadounidense en Venezuela ha reavivado los planes de Trump sobre el territorio semiautónomo danés en el Ártico, que cuenta con yacimientos de tierras raras sin explotar y podría desempeñar un papel crucial a medida que el deshielo polar abre nuevas rutas marítimas.
El mandatario “ha dejado claro que adquirir Groenlandia es una prioridad para la seguridad nacional de Estados Unidos y que es vital para disuadir a nuestros adversarios en la región ártica”, declaró la secretaria de prensa Karoline Leavitt.
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El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, agradeció este martes a los dirigentes europeos que expresaron su apoyo al territorio ante las reiteradas reivindicaciones de Trump.
Nielsen volvió a insistir en que Groenlandia, cuya política exterior y de defensa está en manos de Dinamarca, no está en venta y que solo los habitantes del vasto territorio pueden decidir su futuro.
Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia y España se unieron anteriormente a Dinamarca para afirmar que defenderían los “principios universales” de “soberanía, integridad territorial e inviolabilidad de las fronteras”.
“Este apoyo es importante en un momento en el que se están cuestionando principios internacionales fundamentales”, escribió Nielsen en las redes sociales.
Groenlandia se encuentra en la zona nororiental de América del Norte, entre el océano Atlántico y el océano Glacial Ártico. Con una superficie de 2 millones 175,600 kilómetros cuadrados, es la isla más grande del mundo, sin contar a Australia, que se considera un continente, y supera la extensión geográfica de México.
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En comparación con Dinamarca, el país que controla Groenlandia, tiene una extensión de apenas 42,920 kilómetros cuadrados.
La capital de este territorio autónomo es Nuuk, una isla que supera apenas los 58,000 habitantes. Esta ciudad se encuentra a 3,409 kilómetros de Washington D.C y a 3,812 kilómetros de Copenhague, la capital de Dinamarca.
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Groenlandia es un territorio autónomo, pero las cuestiones de justicia, política monetaria, política exterior, defensa y seguridad dependen de Copenhague. La lengua oficial es el idioma groenlandés.
Las ambiciones de Estados Unidos por Groenlandia no son nuevas y no empezaron con la presidencia de Trump. Esta isla territorio forma parte de la zona de interés de Estados Unidos, señaló a AFP Astrid Andersen, historiadora del Instituto Danés de Estudios Internacionales.
“Durante la guerra, cuando Dinamarca fue ocupada por Alemania, Estados Unidos se apoderó de Groenlandia. En cierto modo nunca se fueron”, explicó.
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En 1946, terminada la Segunda Guerra Mundial, el presidente estadounidense Harry Truman, ofreció a la corona danesa 100 millones de dólares por la isla, pero Copenhague rechazó llegar a un acuerdo.
Estados Unidos tiene presencia en la isla. Groenlandia es el hogar de la Base Aérea Thule, la base más al norte del ejército estadounidense, ubicada a unos 1,200 kilómetros sobre el Círculo Polar Ártico y construida en 1951. El radar y el puesto de escucha cuentan con un Sistema de Alerta Temprana de Misiles Balísticos que puede advertir sobre misiles balísticos intercontinentales entrantes y tiene alcance hasta miles de kilómetros dentro del territorio ruso.
La idea de adquirir Groenlandia no es única en la historia de Estados Unidos. El país norteamericano logró el crecimiento de su territorio gracias, en parte, a los acuerdos de compra de territorios.
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En 1803, Francia y Estados Unidos acordaron la venta de Luisiana por 15 millones de dólares de la época, que —según datos de la organización Global Policy Forum— equivaldrían a unos 193 millones de dólares de 2005.
De manera parecida, Estados Unidos llegó a un acuerdo con España para comprar Florida por 5 millones de dólares, dinero que Madrid nunca recibió, ya que Washington usó para saldar las cuentas que algunos ciudadanos estadounidenses mantenían con España.
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California, Nevada, Utah y algunos territorios más, técnicamente, también fueron adquiridos por Estados Unidos en el Tratado Guadalupe-Hidalgo, al final de su guerra con México, en 1948. Esta extensión de tierra era más de la mitad del territorio mexicano.
Alaska fue vendida por Rusia en 1867. Este acuerdo es considerado uno de los errores geopolíticos más graves de la historia, pues Estados Unidos —que años después se convirtió en el mayor adversario de Moscú— explotaba recursos energéticos en este territorio y le dio acceso directo al Ártico.
Incluso, Dinamarca ya antes le ha vendido parte de sus dominios, pues Estados Unidos le compró las Indias Occidentales Danesas, que acabarían siendo rebautizadas como Islas Vírgenes.
Los minerales han sido claves para el desarrollo económico de Groenlandia y una de las razones por las que esta isla es tan atractiva para Estados Unidos. De la isla se explotan oro, plata, cobre, plomo, zinc, grafito, olivino, criolita y mármol, principalmente.
También hay importantes yacimientos de rubís, diamantes y zafiros.
En octubre de 2013, el Parlamento de Groenlandia, Inatsisartut, cambió oficialmente su política minera y se abrió a la extracción de uranio y otros minerales radiactivos en Groenlandia. Esto significa que las empresas mineras ahora pueden presentar solicitudes para explotar minerales radiactivos en el subsuelo de Groenlandia.
Las vastas capas de hielo y los glaciares de Groenlandia están retrocediendo rápidamente a medida que la Tierra se calienta por la aceleración del cambio climático, lo que facilitará la explotación de los minerales de la isla, como niquel, zinc, cobalto y otros.
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El sur de Groenlandia es rico en tierras raras, como el neodimio y disprosio, elementos que son clave para la transición energética y de los que China tiene prácticamente el monopolio. Estos materiales son utilizados en turbinas eólicas, motores eléctricos y muchos otros dispositivos electrónicos, mientras el mundo intenta romper su adicción a los combustibles fósiles.
Aunque la explotación de estos minerales aún es limitada y es parte de un debate para los groenlandeses.
“Las tierras raras pueden atraer a muchos países, pero China tiene el monopolio de la tecnología y la mano de obra calificada necesaria para los procesos de extracción”, dijo Jesper Willaing Zeuthen, profesor asociado de la Universidad de Aalborg en Dinamarca y experto en relaciones entre el Ártico y China.
Esta isla también tiene importantes reservas de hidrocarburos. De acuerdo con el gobierno de Groenlandia, las evaluaciones sugieren que hay un gran potencial para la explotación petrolera en las aguas de la isla.
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“Para obtener una mejor comprensión de las condiciones geológicas, las compañías petroleras internacionales emplean estudios sísmicos y perforaciones exploratorias dentro de sus áreas de licencia en alta mar asignadas”, indica el gobierno isleño.
También se están llevando a cabo investigaciones similares en tierra, por ejemplo, en la península de Nuussuaq, donde el descubrimiento de filtraciones de petróleo en los años noventa despertó el interés por más estudios.





